Tres cosas llamaron mi atención cuando ingresé por primera vez a la cabina: el silencio. la oscuridad y la consola. Sentí que el ruido de mis pasos se amplificaba, no comprendía cómo podría revisar mis glosarios en un ambiente tan oscuro y me sentí como Dee Dee en Dexter:
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| ¡Uhhh! ¿Para qué es este botón? |
Si no hubiera sido por la ayuda de Elke, mi jefa de interpretación, yo no hubiera solucionada nada por lo nerviosa que estaba el primer día. Lo bueno es que los nervios desaparecieron bien rápido una vez aprendí la dinámica. Los diferentes tipos de conferencias que siguieron me ayudaron a sentirme cada vez más cómoda.
Los dos días más tensos de la COP: cuando intérpreté el caucus donde participó el presidente de la COP20 y ministro del ambiente, Manuel Pulgar-Vidal, y cuando intérpreté las negociaciones de AIDESEP frente a la delegación del Parlameto Europeo.
También comprobé muchas cosas que sólo había escuchado como comentarios de algunos profesores. Por ejemplo, que si no se duerme bien y no se tiene un buen desayuno, te agregas un obstáculo extra para interpretar. Descubrí que las buenas cabinas profesionales sólo te dejan ver lo que pasa afuera: un día, vi que una silla se cayó, pero nunca la escuché. Pude aplicar todo lo que aprendí en las clases de interpretación y no puedo más que repetir lo que muchos intérpretes dicen: aprovechen en practicar todo lo que puedan durante la universidad para que sea más fácil poder interpretar después.
La COP20 no sólo fue interpretación para mi. Luego de la jornada, tuve la oportunidad de hacer muy buenos amigos, en especial una chica de Sudáfrica con la que congenié muy bien. Volvió a su país ni bien terminó el evento. Una pena, pero sigo en contacto con ella (palmas para tecnología).
Ahora solo me queda esperar las futuras interpretaciones y ni bien aprenda algo nuevo o aparezca una anécdota, la registraré en este blog.
¡Feliz año!
